
El líder chino, visto por quien más conoce su pasado
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El líder chino, visto por quien más conoce su pasado
Viernes, 29 de Agosto 2025, 10:10h
Tiempo de lectura: 9 min
Los intereses del partido son lo primero. El título no puede ser más explícito a la hora de presentar al personaje que retrata. Así ha titulado el politólogo Joseph Torigian su biografía de Xi Zhongxun, padre del actual presidente chino, Xi Jinping. Torigian está especializado en regímenes autoritarios, materia que enseña en la American University de Washington y en la Institución Hoover de la Universidad de Stanford. Fruto de sus investigaciones es la más completa semblanza de Xi Zhongxun, en la que documenta su absoluta devoción al Partido Comunista, una máxima que aplica de igual forma a su hijo y que se explica –aunque no sea fácil de entender, dados los tormentos por los que pasaron– por la propia experiencia vital de ambos.
XLSemanal. Sobre la infancia y juventud de Xi Jinping se sabe poco, pero parece que su padre, que vivió de 1913 a 2002, impuso en casa una disciplina brutal. ¿Le tenía miedo su hijo?
Joseph Torigian. Xi Zhongxun, como muchos de su generación, utilizaba castigos físicos contra sus hijos. Un conocido de la familia describió el ambiente familiar como feudal. Xi Jinping ha contado que, de niño, nada temía más que ser despertado por la noche por su padre para bañarse en el agua en el que este ya se había bañado. Xi Zhongxun consideraba un desperdicio usar el agua solo una vez, así que sacaba de la cama al niño dormido y a su hermanito para bañarlos.
XL. Pero Xi Zhongxun fue vice primer ministro en una etapa, desde 1959 a 1962; gozaba de un buena posición. ¿Por qué esa austeridad?
J.T. Precisamente por eso. Xi Zhongxun pertenecía a la generación fundadora de la República Popular. Tras la victoria en la guerra civil en 1949, muchos miembros de la élite comunista temían que sus hijos, debido a su alto estatus, crecieran con privilegios y se ablandaran. Eso sería fatal para la revolución. Xi educó a sus hijos con una severidad extrema y les contaba historias de la revolución «hasta que teníamos callos en los oídos», como recordaría Xi Jinping.
XL. Usted escribe que, de los siete hijos de Xi Zhongxun, Xi Jinping era su favorito.
J.T. Lo consideraba especialmente resistente. Decía que Jinping tenía «ímpetu» y que era capaz de soportar el sufrimiento. Esta cualidad le parecía fundamental, porque la comparaba con su propia juventud.
XL. La infancia de Xi Zhongxun fue tan traumática que tuvo pesadillas toda su vida. ¿Qué había tenido que superar?
J.T. Xi Zhongxun creció al norte de Xi'an, la antigua ciudad imperial. A comienzos del siglo XX, esa era una región asolada por el hambre. China estaba acosada por las potencias coloniales occidentales. En ese contexto, el adolescente Xi Zhongxun leyó por primera vez escritos comunistas. Más tarde admitió que no los entendía, pero consideraba que el joven Partido Comunista era el camino de China para salir de la miseria. Cuando tenía 14 años, un miembro del Partido Comunista le encargó matar a un maestro. Xi lo intentó, pero su atentado con veneno fracasó y terminó en prisión.
XL. Un intento de asesinato con 14 años...
J.T. Eso muestra hasta qué punto Xi Zhongxun creció en un entorno de violencia. Cuando salió de la cárcel, estaba cubierto de erupciones provocadas por el encierro y apenas podía caminar. A ello se sumaron tragedias familiares: su padre murió poco después, luego falleció su madre, y dos de sus hermanas murieron de hambre. Como hijo mayor, Xi Zhongxun tuvo que hacerse cargo de la familia… y aun así siguió entregado a la revolución.
XL. Poco después de que Mao Zedong proclamara la República Popular en 1949, Xi fue nombrado viceministro de Propaganda. Defendía que, para consolidar su poder, el partido debía ser «brutal durante un tiempo» y «matar lo suficiente como para infundir miedo y terror». ¿Qué dice eso sobre el Partido Comunista?
J.T. Sugiere la perturbadora idea de que existe un número «correcto» de personas que deben ser asesinadas para gobernar eficazmente. La ironía es que más tarde Xi Zhongxun tendría fama de ser el dirigente más humano y liberal que el partido haya producido. Hoy ya pasó la época de las grandes ejecuciones masivas. Pero hay algo que permanece bajo Xi Jinping: la convicción de que resulta útil que la gente tenga miedo al partido.
XL. Xi Jinping tenía 9 años cuando en 1962 su padre fue, de repente, acusado de traidor por el partido. Lo que lo condenó fue una novela escrita por una conocida. Mao lo acusó de haber orquestado aquel libro para atacarlo. Siguieron arresto domiciliario, cárcel y 16 años de ostracismo político. ¿Cómo vivió el joven Xi Jinping aquella época?
J.T. Fue una humillación para toda la familia. Los hijos no vieron a su padre durante años, escuchaban rumores de que estaba muerto. Cuando finalmente regresó del destierro a Pekín, ya no podía distinguir a sus propios hijos. Xi Jinping experimentó la persecución en carne propia.
XL. En su libro aparece una anécdota estremecedora de su infancia.
J.T. Xi Jinping tenía unos 13 años. En esa época eran habituales las sesiones en las que supuestos contrarrevolucionarios eran humillados en público. Tenían que confesar su culpa en largas «autocríticas». Una de esas sesiones, en la que Xi Jinping fue exhibido como hijo de un padre caído en desgracia, se celebró en la Escuela Central del Partido en Pekín, donde trabajaba su madre, Qi Xin. Xi Jinping tuvo que subir a un escenario; le colocaron en la cabeza un gorro tan pesado que apenas podía sostenerlo. Cuando la multitud gritaba «¡abajo Xi Jinping!», su madre, entre el público, no tuvo más remedio que alzar el puño y unirse a los cánticos.
XL. Después de todo lo que el partido le hizo a la familia Xi, uno podría pensar que se habrían apartado del sistema. Sucedió lo contrario. ¿Por qué esa devoción?
J.T. Xi Zhongxun creía que el partido siempre tenía razón. Y, si el partido decía que él era un traidor, entonces su deber era buscar en su interior los errores que pudiera haber cometido. El hecho de permanecer leal al partido fue algo de lo que Xi Zhongxun se enorgullecería más tarde, cuando fue rehabilitado. El joven Xi Jinping sentía algo parecido. Así lo demuestran sus ocho solicitudes de ingreso en la Liga de la Juventud Comunista.
XL. O como dijo Xi Jinping con cierto orgullo en una entrevista: «He sufrido más que la mayoría».
J.T. Para Xi siempre fue importante subrayar su camino de sufrimiento. Es cierto que su carrera se benefició en varias ocasiones de la posición de su padre, pero también que Xi no fue un 'príncipe rojo' típico, como se llamaba de forma despectiva a los hijos de la 'nobleza roja' de China. Primero, porque su padre cayó en desgracia y, segundo, porque durante la Revolución Cultural él mismo fue enviado al campo, a una región particularmente pobre, donde pasó más tiempo que otros jóvenes.
XL. Cuando Xi Jinping llegó al poder en 2012, muchos lo consideraron erróneamente un reformista, porque su padre, tras ser rehabilitado, fue visto como un liberal. ¿Lo era realmente Xi Zhongxun?
J.T. Sí y no. En los años ochenta, Xi Zhongxun abogó por escuchar a las minorías étnicas, como tibetanos y uigures, pero al final siempre defendió la línea del partido. Incluso cuando eso significó, en 1989, matar a cientos de estudiantes en la plaza de Tiananmén.
XL. Pero Xi Zhongxun, después de la era Mao, advirtió contra un regreso a la dictadura con culto a la personalidad. El día en que tenemos esta conversación, tres de los cuatro artículos de la portada del diario oficial chino tratan de Xi Jinping. ¿Qué diría su padre?
J.T. Un intelectual chino bromeó una vez diciendo que Xi Jinping no era el hijo de Xi Zhongxun, sino el nieto de Mao Zedong. Cuando Xi padre murió en 2002, Xi Jinping era aún un político provincial. Lo que está claro es que el hecho de que haya logrado concentrar tanto poder en sus manos no es un accidente, sino parte de la naturaleza del partido al que Xi Zhongxun entregó su vida. Un partido revolucionario engendra gobernantes absolutos.
XL. ¿Qué aprendió Xi Jinping de su padre?
J.T. Al igual que su padre, Xi Jinping cree que el mero bienestar material es ruinoso. Si la gente llegara a considerar el comunismo solo como folclore, podría ser el fin del partido. Xi cree que esa fue una de las razones del colapso de la Unión Soviética. En China, tras la Revolución Cultural, muchos preferían divertirse, ganar dinero, vivir la vida. Como ya no creían en el comunismo, cada vez más personas buscaban sentido en las religiones: en el catolicismo, en el budismo. Para el partido, eso era competencia. Xi quiere que la gente tenga un objetivo superior, espiritual. Pero ese objetivo se llama «nacionalismo chino bajo el dominio del Partido Comunista».
XL. La gente debe estar dispuesta a sacrificar su libertad individual.
J.T. En la cultura política del comunismo hay un concepto central: el «forjar» o «templar» el propio carácter. ¿Cómo se forja? Pasando por el fuego. En la visión histórica cargada de moral de Xi Jinping, la generación de su padre pasó por el fuego al luchar en la guerra civil. Su propia generación lo hizo al sufrir la Revolución Cultural. El problema llega con la tercera, la generación actual.
XL. ¿Porque no ha habido un fuego por el que tuviera que pasar?
J.T. De alguna manera, el coronavirus fue su fuego. Pero ¿movilizaron las penurias de la pandemia la fe en el partido de los jóvenes chinos? Más bien al contrario. Estamos viendo fenómenos sociales como el tangping –literalmente 'tumbarse plano'– y el runxue, el 'arte de huir' o el 'deseo de emigrar'. Xi repite en sus discursos que la juventud debe aprender a «comer amargura». La pregunta es: ¿están realmente dispuestos los chinos a subirse por tercera vez al carrusel de la resistencia y el sacrificio?
XL. Al final de su libro escribe que tanto Xi Zhongxun como Xi Jinping hicieron un pacto fáustico. ¿Qué quiere decir con eso?
J.T. El Fausto de Goethe vende su alma al diablo para obtener conocimiento infinito. Es decir, paga un precio terrible por algo que considera de valor incalculable. Xi Jinping cree, como antes lo creyó su padre, que el dominio absoluto del partido es el único camino para sacar a China de la penuria. No hay nada más valioso. Pero el precio que los Xi han aceptado pagar es un enorme sufrimiento humano. Xi Jinping contó una vez a la entonces canciller Angela Merkel que, de joven, había leído Fausto. Admitió que no había entendido del todo la historia.