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Premio XLSemanal 2023 Categoría Creación Alejandro Amenábar: «Si no asumimos riesgos, mataremos el cine»

Tenía 24 años cuando el cine español cayó rendido a sus pies. Media vida después, es un director de prestigio mundial cuyas películas acostumbran a levantar ampollas. Es lo que hace en esta entrevista entre recuerdos sobre su madre o Harvey Weinstein, y reflexiones sobre el amor y la bioquímica; el racismo, los insultos, el cine y el mundo en que vivimos. Hablamos con Amenábar, Premio XLSemanal por ampliar los horizontes de nuestro cine.

Viernes, 09 de Junio 2023

Tiempo de lectura: 12 min

Eutanasia, fanatismo religioso, abusos sexuales y satanismo, la tiranía... Alejandro Amenábar no le hace ascos a los temas más polémicos. A sus 52 años, lleva en esto desde que rodara su primer corto, en 1991, siendo universitario. Cuenta hoy, 32 años después, con un Oscar, un Globo de Oro y diez Goya. Galardones a los que suma ahora el Premio XLSemanal en la categoría de Creatividad.

Agradecido, el director nacido en Santiago de Chile, de madre española y padre chileno, accede a esta entrevista pese a estar inmerso en la preproducción de su próxima obra. Quedamos en el hotel Montera Madrid, Curio Collection by Hilton, donde se adentra en cuestiones personales; Harvey Weinstein; el amor y la bioquímica; el racismo o la tecnología entre recuerdos y reflexiones sobre la creación y el mundo en que vivimos.



XLSemanal. En 2012, XLSemanal cumplió 25 años y los lectores lo eligieron entre las diez personalidades más importantes de España. Y ahora este premio en la categoría de Creatividad. ¿Se siente ya parte de la casa?

Alejandro Amenábar. Sí, yo estoy encantado, claro. Estos dos me hacen una ilusión especial porque el primero fue del público y este es, digamos, de la crítica, así que hemos completado el círculo.

XL. Los Fabelman, película autobiográfica de Steven Spielberg, arranca con la primera vez que él fue al cine. ¿Por dónde empezaría la suya?

A.A. No creo que mi vida dé para una peli [se ríe], pero mi primer recuerdo asociado al cine es que me echaron de la sala con 4 años. No paraba de dar la lata, di un gran berrinche... y a la calle. Era un wéstern, género que no me motiva mucho. Esa fue la primera señal, supongo [se ríe].

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Alejandro Amenábar posa para XLSemanal en el hotel Montera Madrid, Curio Collection by Hilton.

XL. ¿Quién fue la persona más determinante en su infancia?

A.A. Mi madre, porque me inculcó el amor al cine. Y lo sabía todo sobre las estrellas y menos sobre los directores. Así que llegué a esto por la interpretación.

XL. Leo por ahí que no tenía juguetes ni balones y que no le dejaban ver la tele. ¿Así fue?

A.A. A ver, sí que tenía juguetes y juegos de mesa, pero en casa se fomentaba la cultura y yo tocaba la guitarra y el teclado, escribía, dibujaba... La tele sí que estaba restringida, había un montón de cosas que todos veían y yo no.

XL. ¿Al día siguiente todos hablaban de tal serie o tal programa y usted... ni idea?

A.A. Sí, me pasaba mucho. Todos hablaban de Curro Jiménez menos yo. Y una vez veíamos Marco, de los Apeninos a los Andes y mi madre apagó la tele: «¡Esto es un disparate! ¡Haciendo llorar a los niños!» [se ríe]. Pero tampoco eran carcamales. Veía Mazinger Z; sabía quién era el Barón Ashler.

XL. ¿Cuál es el recuerdo más dulce de su carrera?

A.A. Cuando Tesis ganó siete premios Goya. Fue increíble. Antes de la ceremonia, todos decíamos: «Hombre, con ocho nominaciones, alguno nos llevaremos». Y, mira, solo faltó el de Ana Torrent para el pleno. Eso hizo que se reestrenara y ya nada volvió a ser igual. Esa noche, por cierto, me olvidé uno de mis Goya en un bar y alguien se lo llevó. Por suerte, me lo devolvieron.

«La de mi madre es la gran historia de mi familia. Vivió la guerra, se fue joven a Chile y volvió a España tras el golpe de Pinochet. Fue ella quien me inculcó el amor al cine»

XL. ¿Y el momento más amargo?

A.A. Sentir que no conectas con el público es lo peor que me puede pasar como director. Y, en los pases de prueba que hicimos en Estados Unidos, Regresión provocó rechazo.

XL. ¿Por el final?

A.A. Efectivamente. ¿A ti también te provocó rechazo?

XL. Hombre, desconcierta que, tras todo lo que nos ha contado, no existan los de la secta esa…

A.A. Eso fue, sí. Descubrir que todo era una invención de la mente no resultaba satisfactorio para muchos espectadores. Pero ese final era un embudo de difícil arreglo y el estreno se retrasó.

XL. Harvey y Bob Weinstein distribuyeron esa película, también Los otros. ¿Qué recuerdo le dejó Harvey en particular?

A.A. Todo fue antes del escándalo y de su detención por abuso sexual, por supuesto. Obviamente, no detecté nada en la dirección que luego se destapó porque fue una relación de negociaciones sobre la producción, pero Harvey me pareció un tipo peligroso a las malas. Y mucho más sofisticado y carismático que su hermano.

XL. ¿Cómo se quedó cuando supo que abusaba de su poder con las mujeres?

A.A. Chocado porque me había reunido con él, comidas, cenas... Lo conocí, por cierto, el mismo día que a Nicole Kidman, a la misma mesa. A veces no puedo evitar pensar cómo será su vida, despertándose en una celda... No por empatía, que las víctimas son las mujeres a las que hizo daño y han tenido que vivir con ello.

XL. Nunca ha filmado un gran romance. ¿Le interesa el amor como fuerza dramática?

A.A. Le doy valor en mi vida y en la pareja, pero la sublimación del enamoramiento no me atrae para la exploración cinematográfica. Para mí es un proceso bioquímico y esa es la importancia que le doy. Lo que te dije del wéstern, multiplícalo con la comedia romántica [se ríe].

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Irrumpir con todo. En 1996, tras rodar Tesis, a los 24 años. Meses después arrasó en los Goya y recibió apelativos como el Wells o el Hitchcock español. Ha rodado otras seis películas, un videoclip para Nancys Rubias, un anuncio de la lotería de Navidad y una serie de televisión. Su trayectoria le ha valido un Oscar (Mar adentro), un Globo de Oro y diez premios Goya.| Matías Nieto.

XL. «Un proceso bioquímico». Me deja helado…

A.A. [Se ríe]. Bueno, en la serie La Fortuna hay una historia de amor que, por cierto, tiene bastante de mí mismo. Hay momentos y diálogos sacados de una relación que tuve con alguien de una generación anterior...

XL. ¿Al decidir un protagonista, elige hombre o mujer en función de lo que desee transmitir?

A.A. No es un proceso tan científico, tan consciente. La historia impone sus necesidades. Siento, de hecho, que hay pocas mujeres en mi vida. Echo en falta esa amplitud que ofrece el universo femenino.

XL. Pero si la mitad de sus protagonistas son mujeres...

A.A. Pero en mi vida es distinto. Por cierto, la 'prota' que tengo ahora en la cabeza es mujer...

XL. ¿En su próxima película?

A.A. No, en la siguiente. Es que en los ratos libres que me deja la preproducción de esta aprovecho para avanzar en la siguiente.

XL. Eutanasia, fanatismo, abuso, Guerra Civil... ¿Qué precauciones adopta al lanzarse a tratar temas que sabe que serán polémicos?

A.A. Ninguna. Siempre se enfada alguien, pero lo único que me preocupa es contar una historia que, sin abrumar, ofrezca al espectador un espacio para la reflexión. Mi gran preocupación es no caer en el panfleto, del que siempre te separa apenas un paso.

XL. ¿Se siente responsable, en parte, por la aprobación de la ley de eutanasia de 2021?

A.A. Quiero pensar que algo aportamos con Mar adentro, aunque nadie hiciera más por visibilizar la eutanasia que el propio Ramón Sampedro. Él puso el debate sobre la mesa y él naturalizó que habláramos de ello.

«Con mis películas apunto al fanatismo: en religión, política, fútbol... De cómo se bloquea la capacidad para razonar y empatizar con quien no piensa como tú, de eso habla gran parte de mi cine»

XL. ¿Ha pensado alguna vez: «Qué haría yo en su lugar»?

A.A. La ley es un gran logro, pero si yo fuera un C7 (los pacientes que pueden acogerse a ella), como lo fue Sampedro, no creo que fuera capaz de pedir a nadie que me ayudara a morir. Pero eso no importa, la cuestión es que tengo esa opción, ese derecho.

XL. Hace 15 años rodó la película más cara del cine español. ¿Sería posible hacer Agora hoy?

A.A. Producir una película de 50 millones para salas hoy es imposible. Yo pillé el último tren antes de que superhéroes y plataformas cambiaran por completo el panorama. De todos modos, Agora fue un bicho raro en España y aún lo es: una película sobre astronomía y fanatismo, con los cristianos como villanos, en el Egipto de tiempos romanos. La trayectoria de Hipatia, por cierto, conecta con Jesucristo: la rodean discípulos, quiere unir a facciones enfrentadas y acaba traicionada, asesinada y arrastrada por las calles.

XL. La religión nunca queda en buen lugar en su cine. ¿Qué le hicieron los escolapios?

A.A. No me hicieron nada malo y fui muy buen alumno, pero con ellos perdí la fe. Antes de la adolescencia ya no me creía nada. Pero yo no hago cine antirreligioso. Apunto al fanatismo: en la religión, en la política, en el fútbol... Las creencias y actos que bloquean tu capacidad para razonar y empatizar con quien no piensa como tú sacan lo peor del ser humano. Es lo que rezuma gran parte de mi cine.

XL. No pensé que hablaría con usted sobre Vinicius Jr., pero ya que menciona el fútbol...

A.A. Claro, todo lo que ha pasado con él es triste, pero vivimos en una sociedad que ha naturalizado el insulto, que es lo que precede a la violencia. El otro día leía el libro de Manuela Carmena La joven política y sugiere crear un código de conducta con sanciones severas para los representantes de la ciudadanía. Si sus señorías se trataran con respeto en el Parlamento, a algunos igual se nos insultaría menos por la calle.

«Conocí a Harvey Weinstein la misma noche que a Nicole Kidman y luego nos vimos muchas veces. Me pareció un tipo peligroso a las malas. A veces pienso cómo será su vida despertándose en una celda...»

XL. ¿Lo insultan por la calle?

A.A. Recibo muchos más comentarios positivos, por suerte, pero me pasa. De todo, pero 'maricón' lo que más. La última vez, hace dos semanas... También: 'rojo subvencionado'. Y una señora me gritó: «¡Vuélvete a Chile!»... En fin, los futbolistas, como yo, lo asumen como gajes del oficio, pero igual ya es hora de parar esto.

XL. En 2009, me dijo que nunca haría una película sobre la Guerra Civil. Diez años después hizo Mientras dure la guerra. ¿Qué le hizo cambiar de opinión?

A.A. En realidad, nunca me planteé «quiero hacer una sobre la Guerra Civil». Mi punto de partida fue «quiero hablar de la tiranía». Así que rasqué sobre Stalin, Castro; hasta comprender que Franco era mi camino natural, por haberme criado en España. Y descubrí, por cierto, conexiones sorprendentes, como que alguien propuso nombrar generalísimo a Stalin y él lo rechazó porque era el título que usaba Franco.

XL. ¿Y Pinochet?

A.A. Es una época y unos acontecimientos que siempre me interesan porque crecí marcado por la experiencia de mi familia, que dejó Chile para venir a España por la situación política. Pero nunca surgió un enfoque adecuado.

XL. ¿Una película sobre Chile tendría un componente personal mayor que una sobre España?

A.A. En realidad, mi vida está marcada por la Guerra Civil y el golpe de Pinochet casi a partes iguales. No los viví, ya que tenía un año cuando dejamos Chile, pero ambos marcaron a mi madre y, por ende, a mí. Porque ella tenía 6 años cuando estalló la guerra.

XL. Ahí tiene el personaje clave de su película autobiográfica...

A.A. Pues la verdad es que esa es la gran historia de mi familia: la de mi madre y su viaje de ida y vuelta. Era muy lista y tenía mucha intuición y, siendo poco menos que una adolescente, en plena posguerra, se fue a Chile, que era una sociedad más libre, sobre todo para las mujeres. Allí formó su familia, pero cuando todo se enturbió, en 1973, nos trajo de vuelta. Supongo que vio clara la conexión con lo que había vivido en España y, además, a Franco ya le quedaba poco.

XL. Ante el auge de la ultraderecha, ¿es buen momento para hacer una película sobre Chile y Pinochet?

A.A. Pues te confieso que llevo años elucubrando sobre las similitudes entre lo que vivimos y los años veinte; que ya sabemos todos cómo acabó la cosa. Y ahora vamos a un tiempo nuevo que no parece mejor... Como ciudadano, me preocupa ver la democracia degradada injustamente; como si no recordáramos el pasado y retomáramos batallas que ya sabemos cómo acabaron. Quizá por esta inquietud se estrenan hoy tantas historias distópicas.

«Me han llamado 'maricón', también 'rojo subvencionado', y una señora me gritó: '¡Vuélvete a Chile!'... Asumes los insultos como gajes del oficio, pero igual ya es hora de parar todo esto»

XL. ¿A quién responsabiliza?

A.A. Que la democracia se degrade es responsabilidad de todos. Los políticos se han ganado a pulso su desprestigio, pero hablamos de ellos como si no tuvieran nada que ver con nosotros o como si la corrupción fuera algo ajeno a nosotros. Tenemos el caso paradigmático de Fox News, pero los medios, al margen de su signo ideológico, también tienen gran responsabilidad porque vivimos el triunfo de la agitación y la posverdad, que es un eufemismo miserable para definir la mentira.

XL. Pero el papel de los medios siempre ha sido fiscalizar al poder, criticarlo...

A.A. Sí, pero se usan cada vez más tácticas propias de bandos en guerra. Y eso tiene consecuencias.

XL. ¿Acaso está pensando hablar de todo esto en una distópica próxima película?

A.A. Bueno, está escrita y espero rodar en 2024, pero no puedo hablar de ella. Eso sí, te aseguro que, si me entrevistas cuando la estrene, tendrás mucho para preguntar, pero mucho... [se ríe].

XL. ¿Le preocupa que el cine acabe siendo creado por IA?

A.A. Sí, da bastante vértigo esa idea de crear películas con inteligencia artificial. Pensábamos que la robótica acabaría con la mano de obra, pero la tecnología se abre a la posibilidad de acabar con nuestra propia esencia: la inteligencia, que es nuestra alma, nuestro espíritu. Así que mejor no pensar; me pongo orejas de burro y sigo trabajando. Ya me enteraré si acaban con nosotros [risas].

XL. El protagonista de Abre los ojos (ambientada en 2147) no distingue entre sueño y realidad; manipulan su percepción. ¿Ve en el metaverso un paso en esa dirección?

A.A. Eso aún queda lejos de lo que yo planteaba hace 25 años, obsesionado con el concepto de percepción. De lo que no tengo duda es de que viviremos realidades paralelas e inmersivas. Solo que no sé si será con los sentidos o atacando directamente al cerebro. Esto del metaverso es un intento de plantear eso. Hoy me suena ridículo un mundo virtual en el que las cosas cuestan dinero, compras inmuebles y demás, pero es probable que acabemos viviendo realidades virtuales y que podamos elegir entre diferentes niveles de realidad.

XL. Un personaje de Tesis decía: «Aquí no hay industria porque no hay comunicación entre creador y público». ¿Qué diría hoy bajo el dominio de las plataformas?

A.A. Bueno, Castro, el que dice eso, hace pelis snuff y sus intenciones están muy lejos de las mías… [se ríe]. Dicho esto, siempre abogué por un cine que jugara más con el thriller y adaptara elementos americanos a nuestra realidad; y esa ha sido una evolución.

XL. Las plataformas usan datos del usuario. ¿Es eso comunicación entre creador y público?

A.A. No precisamente. Para un creador es importante tener voz propia y asumir ciertos riesgos, pero las plataformas utilizan esos datos para crear productos fáciles de digerir, conservadores y muy estandarizados. Es decir, arriesgan cada vez menos. Y es preocupante porque sin riesgo mataremos el cine con películas que son un soberano tostón. El único modo de mantenerlo vivo es crear desde la libertad y la singularidad.


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