Sin Segunda B

«No me lo ha contado nadie más que él mismo: Pierre Mevy nunca creyó en Alberto González»

Sin Segunda B
VÍCTOR J. HERNÁNDEZ BRU

15 de mayo. A estas alturas, creo que ya se puede decir sin dudas, sin temor a precipitarse, que la aventura de Pierre Mevy en la presidencia de CD Ejido ha sido nefasta para los intereses del fútbol ejidense y almeriense y de El Ejido en general.

Otra cosa es para sus propios intereses, que para eso sí ha sido fructífera, ya que vino buscando un pedazo de terreno, a ser posible por la patilla, donde levantar algún campo de fútbol al que traer a sus clientes centro y norte-europeos a entrenar en invierno; y eso ya lo tiene. Por el camino han quedado dos años en Segunda B y el humo que vendió este verano, cuando hablaba de ascenso a Liga de Fútbol Profesional, sin que absolutamente ninguna base sustentara sus atrevidas palabras.

Mevy no ha hecho nada por lograr ese ascenso: ni ha invertido en un equipo de garantías, ni se ha puesto al frente del proyecto ni lo ha dotado de una estructura profesional que pudiera obrar el milagro.

Al contrario, sí ha hecho mucho por devolver al club a Tercera, a base de desidia, despreocupación, falta de interés y de trabajo propio, sosteniendo una estructura amateur de personas que han tenido que ganarse la vida en otro trabajo para poder dedicar sus ratos libres a intentar construir un club y, sobre todo, mostrando una monumental suficiencia con respecto al grandísimo entrenador con el que se encontró, un Alberto González que fue lo mejor del club mientras estuvo, pero que siempre contó con la desconfianza del suizo presidente.

No me lo ha contado nadie; me lo dijo él mismo en su momento: Pierre Mevy no creyó nunca en Alberto González, a pesar de que éste no sólo construyó un equipo capaz de resistir en Segunda B con solvencia durante dos años seguidos. Pero Pierre es de esos presidentes que, cuando acaba un partido, sea cual sea el resultado, baja a corregir la plana al técnico en ciertos aspectos del juego, incluso delante de los colaboradores de éste.

Y fiel a ese estilo, le preparó a Alberto un entorno de gente de confianza del propio Mevy, para ir minando poco a poco el trabajo del técnico. Aún así, a pesar de las dificultades, el suizo no logró que El Ejido, dirigido por Alberto, cayera tan bajo como lo ha hecho luego sin él, antes de ser despedido un minuto antes de que presentara la dimisión, antes de que, tras él, fueran desfilando los responsables deportivos y entrenadores que se han ido sucediendo en la temporada, acompañados por la gran mayoría del público que se ilusionó en agosto y que ha terminado dejando de lado a un proyecto disparatado.

Tiene Pierre Mevy ni más ni menos que lo que él mismo ha sembrado; lo que han sembrado él... y los sobadores de lomo que creyeron que un club grande se podía construir sin trabajar y que, además, constituyen una figura que surge inevitablemente alrededor de cualquier mente iluminada que llega frotando una lámpara maravillosa.