UD Almería

El Nàstic, rival del Almería, es el peor visitante de Segunda

El Nàstic, rival del Almería, es el peor visitante de Segunda

Lleva a cabo una renovación completa en verano, también en invierno, con cambio de entrenador y de sistema táctico para no avanzar y mantenerse en estado crítico

JAVIER GÓMEZ GRANADOS Almería

Mal empezó el campeonato para el Nàstic y, salvo milagrosa reacción, mal puede acabar. Llueve sobre mojado en Tarragona donde ya en las dos temporadas anteriores su equipo salvó la categoría muy al final y con mucho sufrimiento. En esta ocasión, por tercera vez, repiten escenario aunque con la sensación de afrontar un 'más difícil todavía'. En todo caso, su victoria de la pasada jornada ante el CD Numancia ha cargado de moral a un equipo y a una afición que ya empezaban a tenerla muy frágil después de soportar tantos golpes a lo largo del presente curso liguero. Además, parece que a la provincia de Tarragona le haya mirado un tuerto esta temporada, ya que el equipo vecino del Nàstic, el Reus, fue expulsado de la competición hace unos meses por la puerta de atrás, después de sus muchos problemas financieros, no solucionados.

Ni siquiera la renovación realizada a principio de temporada ni tampoco a mitad, en el mercado de invierno, ha servido para que las cosas cambien en el Nou Estadi tarraconense.

Cuestión de fe

La llegada al banquillo del navarro Enrique Martín Monreal no tuvo el efecto esperado, pese a ser un reconocido motivador y buen estratega –lo demostró la pasada temporada en el Albacete Balompié–. Aún así, el técnico navarro no pierde la fe y mantiene su discurso positivo y optimista mientras haya esperanzas matemáticas de salvar la plaza en la categoría de plata del fútbol español.

El esquema más utilizado por Martín parte de una defensa de tres hombres alternando dos dibujos con muchas similitudes, un 3-4-2-1 y un 3-5-2. Sin embargo, y pese a las alturas de temporada en la que se está y la claridad de ideas de su entrenador, lo cierto es que el conjunto tarraconense sigue sin encontrar un once tipo, ni desde el principio ni desde su llegada al banquillo del equipo granota.

Lejos de su estadio los tarraconenses se han mostrado como un equipo muy débil y nada hace presagiar que puedan cambiar esa negativa dinámica que firma, fundamental para salvar la temporada, más aún estando a siete puntos de su objetivo, es decir, a más de dos partidos de distancia, cuando ya solamente quedan nueve para la conclusión del campeonato.

En sus desplazamientos únicamente han sumado seis puntos, siendo, con ello, el peor visitante de Segunda División A. Solamente han marcado cuatro goles lejos de su estadio y han encajado 29. Datos, en definitiva, que explican la situación actual en la clasificación, metidos en zona de descenso a la Segunda División B.

En sus últimas ocho salidas han perdido siete veces y sólo han marcado un gol, en el Abanca-Riazor, lo que le sirvió para sumar un punto de los 24 disputados en esa secuencia, meritorio si cabe porque el mismo llegó frente al Deportivo.

Ahora, los granotas llegan al Estadio de los Mediterráneos con muchas urgencias y con la esperanza de que, pese a ser un campo complicado, el que defiende la UDAlmería de Fran Fernández, este parezca haber arrojado la toalla en la lucha por alcanzar los playoffs de ascenso a Primera División, de los que se encuentra ya a ocho puntos con esos nueve partidos por delante, que le obligan a recortar uno por cada jornada que queda de competición. De todas formas, al final, en la situación agónica en la que se encuentra metido el Gimnàstic de Tarragona, la cual es bien conocida por la afición almeriense por haberla padecido en las últimas tres temporadas en las que se salvó en la última jornada, hay que agarrarse a un clavo ardiendo y cualquier detalle, por irreal o irracional que sea, es válido para soñar con una salvación que a día de hoy es realmente difícil de que se produzca.