Lorena y otros movimientos

Lorena y otros movimientos

VÍCTOR J. HERNÁNDEZ BRU

La actual UD Almería es una espectacular vorágine de constantes e irrefrenables movimientos. Tras la renovación de más de la mitad de la plantilla en menos de un mes, dibujando el récord de inversión en la historia del club y colocando el tope salarial, ése que al anterior presidente le parecía un obstáculo infranqueable, en el tercero más alto del campeonato, ahora me dicen que viene el filial. Ya han comenzado los movimientos para reforzar el equipo B, pero a pesar del cierre del plazo de la Liga de Fútbol Profesional, los del filial no son los únicos movimientos que se están produciendo.

El que más ha trascendido es el de Lorena García, hija y herencia que dejó Alfonso en el club, a pesar de su escasa capacidad ampliamente demostrada en su etapa anterior, que con un enigmático mensaje en redes, «ya sólo me queda desearos lo mejor», anunciaba la tormenta que se había vivido internamente. Una tormenta desencadenada a partir de una discusión en las oficinas, tras la cual Lorena recibía la correspondiente discriminación, que la 'heredera' del imperio alfonsino encajó mal, acostumbrada a vivir bajo la cómoda protección y sombra de su papá. A la siempre bien protegida descendiente, le ha sentado como una bomba descubrir que en el mundo real, ése tan cruel que existe para los mortales que no tienen un padre millonario que los enchufa para que la vida laboral no los castigue demasiado, hay que ganarse la vida trabajando de verdad y no jugando a que se trabaja.

Pero ojo que el caso de Lorena no es el único movimiento interno que se está produciendo en el seno de la entidad. Andan los consejeros de la etapa anterior más mosqueados que un pavo en Navidad, porque su antiguo presidente, en el momento de coger el dinero de Turki y echar a correr, se olvidó incluso de su apellido y, por supuesto, mucho más de dar siquiera cuenta de que existía un consejo de administración y una serie de señores de Almería de toda la vida que habían trabajado, algunos, como leones por el club que acaba de vender. Más de un consejero utiliza ahora ya un término por el que antes éramos perseguidos algunos y no ha faltado tampoco quien me haya reconocido personalmente que el tal Alfonso García Gabarrón no era como ellos creían... y sí como creía yo.

Eso sí, en mitad del mosqueo cósmico con el ya exmandamás, alguno de ellos es capaz de andar jugando al 'entre col y col... lechuga', pugnando duramente por seguir llevándose unos eurillos de la entidad, para lo cual no ha dudado, el tío, en recabar la complicidad ni más ni menos que la propia hija de aquel al que pone a caer de un burro, en un ejercicio de equilibrismo del más cualificado de los sobadores de lomo profesionales. Ahora que la tal Lorena ha caído en desgracia, el tipo en cuestión anda desgastándose las huellas dactilares con los nuevos propietarios, a ver si es capaz de mantener el sueldecillo que, al contrario que el resto de los consejeros, que han trabajado gratis durante años y años, lleva percibiendo.