La grandeza de grada joven

«Una vez más han demostrado estar muy por encima de la racanería y la insensibilidad del club y su presidente»

Joaquín Fernández, despejando ante Abdón Prats en el partido de Copa del Rey. /REAL VALLADOLID
Joaquín Fernández, despejando ante Abdón Prats en el partido de Copa del Rey. / REAL VALLADOLID
Víctor J. Hernández Bru
VÍCTOR J. HERNÁNDEZ BRUAlmería

Hay mucho, muchísimo que comentar, sobre el partido final de temporada en la UD Almería, el pasado sábado. Una noche mágica y al máximo de emotividad para Fran Fernández, que se despedía del club de su vida, de su sueño, de la experiencia que había perseguido durante toda su carrera; y lo hacía sin que el club le ofreciese ni la más mínima muestra de gratitud por haber convertido a un club abonado a salvarse del pozo de la Segunda B en el último partido en una entidad deportivamente solvente, que durante todo el año ha mirado más a la cabeza que a la cola.

La ingratitud de la entidad y de su presidente son ya legendarias y archiconocidas. El aspirante a magnate murciano ha pasado a la historia por ser capaz de despedir a un entrenador de la tierra en la escalerilla de un avión y por persona interpuesta, sin dar la cara, cuando el equipo estaba en zona de permanencia en Primera. El sábado, volvió a escribir una página más de su truculenta historia, siendo incapaz de dar a Fran Fernández la más mínima muestra de agradecimiento por los servicios prestados.

Paradójicamente, la peña de la UDA a la que el club y su presidente persiguen y zancadillean permanentemente, aquella que arranca en el Estadio la mayor parte del ambiente que se registra en los partidos, la Grada Joven, que además entró en el campo el sábado cinco minutos después de empezar el fútbol, como protesta a la persecución que aseguran sufrir por parte de la entidad rojiblanca, sí fue capaz de agradecer al técnico este año de alegrías y sosiego. Tras el choque, cuando el presidente ya no estaba entre los vivos en el Estadio, la Grada Joven vio cómo Fran se acercaba a su zona, el área de los proscritos, y le hacía entrega de una placa conmemorativa. Un gesto de grandeza de estos chavales, que una vez más han demostrado estar muy por encima de la racanería y la insensibilidad del club y su presidente. Un presidente que ha sido incapaz de sentarse en la misma mesa, ante los medios, para delante de él, reconocer que éste ha sido su mayor acierto en sus últimos cinco años presidenciales. ¿Por qué? El exceso de orgullo, la insensibilidad en grado sumo, el sentirse dominado por el afán de venganza para con gestos nimios en los que Fran podría haberse mostrado como alguien que piensa por sí mismo son algunas de las causas que se barajan para tan grosero comportamiento para con el hombre que ha cambiado la dinámica de un club que ha estado cuatro años a la deriva.

El Almería, pero sobre todo su presidente, han dejado pasar la oportunidad de escribir una página de grandeza por la vía de ese entrenador al que quiere toda la afición y que se ha marchado cansado de la imposibilidad de trabajar con profesionalidad en un club que, ya en el colmo de la ignominia, le ha retirado los servicios de su analista de rivales en los dos últimos partidos, con tal de ahorrarse el sueldo de junio. A veces, uno se pregunta, ¿y no estaría mejor el club si lo gobernasen los de la Grada Joven? En otras cosas habría que ver, pero desde luego que en detalles... todos saldríamos ganando. De la comparecencia del pasado lunes de Miguel Ángel Corona me quedo con la respuesta a por qué ni él mismo ni Alfonso García acudieron a acompañar a Fran Fernández en su última comparecencia como técnico.

Más que una mentira, que lo fue, podría pasar a la historia incrustada en la antología del disparate. Primero empezó diciendo que era un acto técnico y, cuando debió darse cuenta de que su presidente querido es asiduo en esta suerte de 'actos técnicos', cambió el tercio y aseguró que la razón era que querían dar a Fran su espacio. Le faltó decir: «le hemos quitado a bastonazos».