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No todo vale

A mí, personalmente, el diseño de la Copa me parece un estorbo para clubes del nivel del Almería

JAVIER GÓMEZ GRANADOSALMERÍA

Confiamos mucho en esta UD Almería que, diseñada por otros, está moldeando Fran Fernández de forma magistral. Incluso los tropiezos en la misma piedra se admiten sin rechistar, como no podía ser de otra forma, como algo consustancial al mundo del deporte y al propio ser humano. Y no se rechista porque se observa entrega, sacrificio, sudor, solidaridad, esfuerzo y humildad. Además, sabemos de dónde venimos, de los años duros que nos ha tocado vivir y del hastío que empezábamos a sentir. Por ello, hasta la fecha, todo lo que está haciendo esta nueva UDA nos parece, al menos a mí sí, sobresaliente.

Pero no todo es admisible por más que uno se sienta modesto. Lo de la Copa del Rey no puede entenderse como un accidente sino como la consecuencia de una diferente interpretación del valor del nefasto partido. A mí, personalmente, el diseño de la Copa me parece un estorbo para clubes del nivel del Almería. Exigir máxima concentración a doble partido a plantillas menores, frente a otras mucho más poderosas, con todo el desgaste que para las primeras supone cualquier partido de la extremadamente competitiva Liga 1|2|3, puede llevar a que suceda lo de Villarreal.

Habrá quien lo interprete como un accidente aislado, sin conexión con el resto de la temporada de los rojiblancos. Pero la realidad es que este equipo, al margen de sus integrantes, encajó ocho goles sin sumar ninguno. Y eso no hay quien lo borre. Es más, de eso se van a acordar muchos durante muchos años, precisamente por la anormalidad del marcador. Y ahora, después de pasar una vergüenza evitable que sólo encuentra justificación en el instinto de supervivencia en la liga, aparece la innecesaria distracción de hasta dónde afectará un golpe de esa magnitud que, aún recibido por jugadores distintos de los habituales, forman parte del mismo colectivo, defienden el mismo escudo, sudan la misma camiseta y tienen el mismo objetivo.

Los jugadores que vistieron la rojiblanca en el estadio de la Cerámica no estaban preparados, por su actual nivel, para soportar algún contratiempo rápidamente sobrevenido, como así sucedió. Enfrente había futbolistas de altísimo nivel que, al no atravesar un buen momento, buscaban sangre fresca sin valorar la fragilidad de la víctima, para darse un baño de autoestima aún a costa de destrozar la de aquella.

La goleada sonrojante de Copa no fue un accidente. Fue una consecuencia de un caldo de cultivo que invita a valorar cómo afrontar según qué situaciones. Rivales extremadamente descompensados, dos oportunidades de evitar problemas para el poderoso en otros tantos partidos, dificultad del menor para duplicar y combinar su concentración y sus recursos en Liga y dos veces con el mismo rival en Copa. Todo lo anterior aderezado con las reservas y el freno de unos de cara a sumar el siguiente fin de semana para sobrevivir en la LFP con la consiguiente disminución de potencial en la eliminatoria, añadido al desenfreno y a las ganas de otros de vapulear con un plantillón más que sobrado y abusar así en Copa para animarse de cara a la Liga en busca, no de sobrevivir, sino de encontrar hueco para lucirse en Europa la temporada próxima.

Culpa tiene la UDA del destrozo recibido. También Fran Fernández. Pero más aún el sistema diabólico que la Copa ofrece a los equipos más débiles. Había que elegir, aún con riesgo de recibir una paliza, entre debilitar al equipo en Copa para mantenerlo fuerte en Liga o arriesgarse a bajas y sobreesfuerzos difíciles de gestionar. Lo más inteligente parecía lo primero y así lo decidió Fran. Pero el daño puede llegar también a la Liga, por más que trate de aislarse la herida copera. Insisto en que, pese a lo ocurrido y a la elección del joven técnico rojiblanco, el tremendo golpe recibido por la Unión Deportiva Almería no se lo ha propiciado el Villarreal sino el lumbrera que sigue empeñado en mantener un sistema de competición que niega a los débiles el factor sorpresa y apuesta porque los fuertes superen eliminatorias sin problemas y sin grandes esfuerzos a doble partido o, llegado el caso y si el guión y la necesidad lo exigen, también la apetencia, vapulear y humillar sin compasión a un rival que vive al día y respira de milagro.

 

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