UD Almería

Reus, buena defensa, mal ataque

Reus, buena defensa, mal ataque

Los catalanes, con una alarmante falta de gol, están sobreviviendo gracias a su rigor y orden defensivo, especialmente cuando juegan como locales

JAVIER GÓMEZ GRANADOS ALMERÍA

El Reus va a completar su segunda temporada en Segunda División peleando por firmar una tercera. De momento, no sin dificultades, va por el buen camino. Para ello se ha hecho fuerte en casa, donde si bien es cierto que no gana con facilidad (sólo cinco victorias en dieciséis partidos) la verdad es que casi siempre puntúa y es muy difícil obtener la victoria en su estadio. Hasta la fecha sólo ha perdido ante su público en dos ocasiones, frente al Rayo Vallecano y al Lugo. En todos los demás ha sumado, como mínimo, un punto.

Y todo ello gracias a su intensidad en su estilo de juego, que permite equilibrar desajustes de calidad en la plantilla. Con López Garai en el banquillo, el dibujo habitual del Reus es un 4-4-2 alternado de forma constante con un 4-2-3-1. La plantilla, con limitaciones pero equilibrada, apenas ha sufrido modificaciones en el mercado invernal. Únicamente la salida del guardameta Santamaría, que había perdido definitivamente su puesto ante las buenas actuaciones de Édgar Badía, y la llegada en calidad de cedido de Karim Yoda, conocido también de la afición almeriense aunque su paso por el Mediterráneo no dejó huella alguna.

Buena defensa

En defensa destacan Miramón y Álex Menéndez en los laterales derecho e izquierdo respectivamente, aunque Menéndez es centrocampista reconvertido a esa posición en la que, en todo caso, alterna con otros compañeros y otras posiciones. En el centro de la zaga hombres como Olmo, titular, veterano y muy expeditivo, acompañado habitualmente de Atienza conformando una pareja muy compenetrada. Queda como tercer central Iñiguez, que comenzó la liga con mayor protagonismo aunque finalmente su labor ha quedado como sustituto de los dos anteriores.

En la zona ancha llaman la atención jugadores importantes como el veterano Juan Domínguez o el portugués, Gus Ledes, uno de los fijos en el once inicial en cada partido y que suma, hasta la fecha, cinco goles. También es habitual ver a Álex Carbonell en posiciones algo adelantadas, normalmente ocupando la media punta, dando creatividad al juego del Reus.

Todos los hombres con ficha de centrocampistas han tenido minutos y protagonismo. Incluso el recién llegado, Karim Yoda, de perfil ofensivo, suma más de setecientos minutos, aunque ningún gol de momento. Lo cierto es que el técnico tiene una gran cantidad de opciones para poblar el centro del campo aunque ninguna de ellas, hasta la fecha, se ha mostrado más resolutiva que las demás.

Algo parecido sucede con los delanteros. Todos han jugado minutos pero ninguno se ha impuesto a los demás. Máyor, que era uno de los llamados a marcar diferencias, sólo ha sumado un gol. Lekic, otro hombre fuerte, tan sólo ha conseguido cinco dianas. Édgar, Carbia, Querol, Cámara o David Haro, entre otros, tienen su cuota de protagonismo pero sin la incidencia esperada para dar el salto en la clasificación. Los hombres de área no están viendo puerta y eso lo está notando el equipo que, hasta la fecha, con veintitrés dianas, es el segundo peor realizador de la categoría, sólo empeorado por el farolillo rojo, Sevilla Atlético.

Sin gol

Ante la preocupante falta de gol, el Reus se está encomendando a su entramado defensivo para mantener el nivel y la competitividad suficientes para ir sumando puntos y sobrevivir lejos de la zona caliente. Así, con una defensa más o menos fija y un centro del campo en el que la labor de contención se impone a la ofensiva, los catalanes están consiguiendo puntuar con cierta solvencia. Mucho orden, gran disciplina y rigor táctico para superar, a base de un sacrificado esquema defensivo, las enormes carencias que presenta en ataque. Tal vez por ello, en su propio estadio, sólo dos equipos han conseguido ganar aunque nueve más han empatado, ya que, si bien es difícil superar al Reus, también es complicado verse superado por los catalanes, precisamente por su alarmante falta de pegada.

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