UD Almería

En la prensa se expone que a la UD le «falló el cloroformo» en Zaragoza

Rubén Alcaraz conduce el balón rodeado por Benito, Papu y Zapater. /AGENCIA LOF
Rubén Alcaraz conduce el balón rodeado por Benito, Papu y Zapater. / AGENCIA LOF

Algunas crónicas elogian la actitud rojiblanca hasta que llegó el 1-0 y otras que «quisieron buscar una aguja en el pajar de La Romareda»

JOSÉ GABRIEL GUTIÉRREZ ALMERÍA.

Como la canción de Julio Iglesias, 'La vida sigue igual', quedó atrás, para las estadísticas, otra derrota por la mínima de la UD Almería en La Romareda. Posiblemente, la del pasado sábado haya sido, en las siete visitas al Real Zaragoza, la que dejó la imagen más 'floja' de los rojiblancos en base a lo expuesto en las distintas crónicas escritas del partido.

Tanto en la prensa local como en los diarios deportivos hubo coincidencia en catalogar de merecida la victoria del equipo aragonés, que fue un envite nada vistoso y que Papu fue la figura del partido. Sobre la UD Almería, los únicos elogios, los destinados a su actitud en la primera parte, en la que 'maniató' al Real Zaragoza.

Hasta romper la maraña

Se narraba que hubo «apabullante superioridad en la posesión de la pelota, pero con enormes dificultades para hallar espacios útiles en ataque. Se acordó el zaragocismo de ese posible gol que se fue al limbo, pues de ahí al descanso no encontró manera, el equipo de Natxo González, de romper la maraña defensiva propuesta por Lucas Alcaraz en su nervioso Almería. Ni una sola jugada de ataque ligaron en condiciones los andaluces, pertrechados todo el tiempo atrás, jugando claramente al 0-0 y a esperar que algún rojiblanco encontrase la aguja en el pajar de La Romareda».

Jugando a modo Copa

Se narraba que «el Real Zaragoza se ha hecho gigante contra el Almería favorecido por enfrentarse a un equipo mal informado que jugó el partido en moda Copa, es decir, para perder por la mínima y esperar la remontada en la vuelta. Ni siquiera valoró el empate. El conjunto de Lucas Alcaraz cerró filas y anfiteatros en La Romareda y siguió de igual manera en el tren de regreso, seguramente echándose una señora cabezada. Se dedicó a anestesiar el encuentro y de tanto utilizar el cloroformo acabó bajo sus propios efectos sedantes».

Dos tiempos, dos decorados

Sobre el segundo tiempo se informaba que no cambió. «El guión siguió siendo el mismo y esta vez el Zaragoza tuvo premio. En una de sus llegadas, logró adelantarse. Eguaras abrió a Benito y su centro fue enviado a la red por Papu. El Almería estaba obligado a abrirse más y mirar más hacia adelante. Sin embargo, sus ganas por atacar no eran suficientes como para inquietar al Zaragoza, que quería el segundo gol para matar el partido. Lo consiguió en el tramo final Borja. Caballero acortó distancias cuando ya no había tiempo».

Abrir la lata y se acabó

Se exponía que tras el 1-0 el Almería abrió líneas. «El Zaragoza le metió una marcha más al encuentro tras el descanso y no tardó en abrir la lata. Por fin llegaba el gol que tanto había buscado. Un gol que obligaba al Almería a dar un paso adelante y a abrir su cerrada defensa. El Zaragoza apenas sacó partida de su ventaja y dejó que el rival fuese creciendo, pero a cuatro minutos del final Borja Iglesias sentenció. El Almería acortó distancias en el descuento por medio del gigante Caballero».

 

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