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Sin comillas

En medio de palabras surrealistas como cocreta, toballa, almóndiga u otubre, aprobadas recientemente por la Real Academia Española, no parece una osadía pensar en que ‘kaluchismo’ pueda ser, tarde o temprano, una entrada más dentro de nuestro diccionario.

Pocas veces un futbolista generó tantas emociones entre la afición de la UD Almería. Lo de Kalu Uche es tan atípico como el propio jugador en sí. El nigeriano no se caracteriza por realizar declaraciones fuera del terreno de juego. No se dirige a su hinchada a través de las redes sociales. Ni siquiera ha sido un goleador nato jamás. Uche sólo es un atacante con calidad al que parece darle igual todo lo que es ajeno al césped. Su carisma es limitado en este aspecto. Aún así, despierta emociones desmesuradas. Es extraño. O, quizás, no lo sea tanto.

Cuando Uche salta al terreno de juego debes esperarte lo mejor y lo peor. Debes saber que no habrá término medio. Como las opiniones que suscita. El delantero puede pasar desapercibido largas fases del partido. Peor aún: es capaz de desquiciar a su afición con una dejadez propia, únicamente, del que no tiene prisa por estallar. Del que sabe que el devenir de los acontecimientos terminará por poner las cosas en su sitio.

Ese guión puede ser largo. Puede durar días, semanas o incluso meses. También puede ser breve y apenas tardar 73 minutos en encontrar su desenlace. Da igual. Siempre acabará con final feliz para el nigeriano, ya sea con un chut precedido de una espectacular finta o con un sencillo empujón a la red en la misma línea de gol. Su reacción siempre será la misma: la de la tranquilidad en medio de la euforia. La de aquel que era totalmente consciente de que el gol llegaría.

Puede que esté exagerando, sí. Déjenme que lo haga. Sólo tengo dos peticiones que hacer, dentro de esta euforia irracional. Una de ellas es al presidente de la UD Almería: renuévelo. La otra, a los miembros de la Real Academia Española: acepten el término ‘kaluchismo’. Quiero empezar a escribirlo sin comillas de ahora en adelante.