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Un agujero negro

Haber perdido la mitad de los partidos hasta la fecha no es casualidad. Ni cosa de los árbitros, como se ha apuntado en alguna ocasión. Ni siquiera es fruto de la mala suerte, a pesar de que pareciera que sólo el infortunio privó de conseguir la victoria a un equipo que se vio superado durante 70 minutos por un Levante que se maneja perfectamente en situaciones límite, habiendo ganado 14 de sus 21 partidos por la mínima. Sufrir, por tanto, siempre entra en sus planes.

El Almería se encuentra en esta situación por un cúmulo de factores que han sido enumerados en múltiples ocasiones desde esta columna. Alfonso García es el mayor culpable, seguido por eso que el club se empeñaba en llamar comisión deportiva y que estaba encabezada por Soriano, uno de los peores entrenadores que ha tenido esta entidad en toda su historia, tal y como demuestran sus números. Pero no son los únicos responsables.

¿Cuántos futbolistas del Almería están, a día de hoy, dando lo que se esperaba de ellos? Piénsenlo detenidamente. Alguno dirá que Casto y Borja. Otro quitará al portero para añadir a Joaquín. Quizás, varios pensarán en Azeez. Da igual. Como mucho, se nos vendrán a la cabeza tres o cuatro nombres. No más. Tres o cuatro de una plantilla de 24. Puertas, que empezó como un tiro, ha ido a menos. Fidel, más de lo mismo. Nano, idem, así como Quique o Pozo. Y ellos, al menos, sí rinden con cierta asiduidad. Hay otros a los que seguimos esperando y que no parece que vayan a emerger.

El Almería se ha convertido, desde hace varios años, en un agujero negro para los futbolistas. Quienes brillaron en otros equipos, no lo hacen aquí. Quienes nunca destacaron, no se destapan en el Mediterráneo. Un problema que, de no ser solucionado, desembocará en un descenso que parece irremediable. Y lejos de acatar las críticas, muchos lanzan miradas amenazantes a quienes pedimos a gritos una reacción. La Segunda B la afrontaremos nosotros. Ellos, seguramente, continúen en la LFP.