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Seamos impertinentes

Decía Unai Emery que un club de fútbol es como una mesa sustentada por cuatro patas: directiva, vestuario, afición y medios de comunicación. Cada cual, con su rol, es fundamental para que un proyecto salga adelante. El Almería, y cualquier entidad deportiva del mundo, sólo suele tener controladas a dos de ellas. La otra mitad se mueve a su aire, actuando como cree en cada momento.

Una de estas patas que escapan al control del club es la afición, cada vez más harta y que ya está empezando a exhibir su descontento, algo significativo en una masa social que, incluso, llegó a aplaudir la entrega de su equipo tras el último descenso a Segunda. No critica, por tanto, a las primeras de cambio la afición rojiblanca. Tampoco está haciéndolo tanto como debiera. Mientras en otras ciudades andaluzas como Córdoba los abonados dedican pañoladas al palco y realizan manifestaciones pacíficas antes de los encuentros, aquí nos contentamos con silbar al terminar los partidos. Aún así, es suficiente para que Alfonso García invitara, en sus últimas declaraciones, a quedarse en casa a aquellos revolucionarios en un gesto impropio de un presidente.

La otra pata fuera del control del club es la prensa. O, al menos, así debe ser. Tras preguntarle a Soriano el sábado, con educación, si se ve capacitado para sacar al equipo de ahí abajo, quien suscribe este artículo fue tildado de impertinente por la web oficial del club. No sólo eso, sino que el propio entrenador rojiblanco vino hacia mí al terminar la rueda de prensa, recriminándome otra pregunta que le formulé el jueves y que tampoco le gustó.

Las palabras del presidente contra los silbidos de la afición, las reacciones de Soriano o los actos del club contra las preguntas incómodas son ejemplos de nerviosismo. De preocupación por no poder controlar la situación. Porque aquí, tras años agonizando, muchos vemos que este club puede morir. Y estamos actuando, claro. Sigamos siendo impertinentes. Nuestra zona de confort no está en los puestos de descenso.