Canal Almería

El partido número 100 de la UD Almería en el estadio Mediterráneo tenía todos los ingredientes para ser una fiesta. Llegaba el FC Barcelona, líder de la liga y con alguno de los mejores jugadores del mundo en sus filas. El Real Madrid se había colocado la noche anterior a sólo tres puntos de los catalanes y la presencia de Hugo Sánchez en el banquillo rojiblanco hacía que todo estuviese listo para una noche mágica de fútbol.
A ello hay que añadir que se trataba del partido que cerraba la jornada, en horario 'prime time' y con las cámaras del 'Plus'. Medio mundo iba a estar pendiente del Mediterreáneo en su efemérides con el club de fútbol de la capital.
Pero, una vez más, falló lo que nunca tuvo que fallar. Ante toda España y medio mundo, las gradas del estadio de los Juegos Mediterráneos presentaban un aspecto desolador. No se alcanzó ni la media entrada. Algo más de 9.300 espectadores para un aforo de algo más de 20.000. La sensación fue, sencillamente, triste.
Provocó cierta hartura, por lo repetitivo de la situación, y cierta vergüenza, por los comentarios de los visitantes que se echaban las manos a la cabeza al comprobar los precios 'galácticos' para ver, simplemente, un partido de la jornada 27 de la liga española.
Resignación
Lo que debió ser una fiesta, se convirtió en un ejercicio de resignación, otro más, de la afición almeriense. No pudo, no quiso o ambas cosas, pagar tanto por ver un partido de fútbol.
Sobre todo los abonados, que tuvieron que tragar de nuevo. Y resignación ante la superioridad deportiva del Barça y la falta de ambición, al menos aparente y quizás comprensible, de los jugadores rojiblancos. No era un partido de 'su liga' y quizás no era cuestión de quemar las naves en una misión casi imposible. Pero eso es lo de menos, porque el juego tiene esas cosas.
La postura del club de exigir que pagaran aquellos que sólo van al campo para ver al Barça o al Madrid, puede ser discutida ya que argumentos para defender ambas posturas, las hay. De hecho, es comprensible y defendible que Alfonso García quiera que los aficionados de un sólo día paguen su capricho como lo que es, un gustazo que se dan. Pasan del Almería pero quieren disfrutar de los lujos que ofrece tener al equipo de la tierra en la mejor liga. Es una opción legítima de ese tipo de seguidor, como legítima es también la decisión del club de pedirle un buen dinero por el capricho.
Pero exigir a los abonados que se 'retraten' es casi invitarles a que no vayan. Claro que el club ya avisó esto a principio de temporada. Es cierto y nadie puede llamarse a engaño, pero también es cierto que las circunstancias económicas y el poder adquisitivo ha variado, por desgracia, de forma muy negativa. Además, la rectificación en la política de precios ha sido una buena medida pero no ha dejado de ser un parche (el mejor parche posible) no entendido por todos los abonados.
Los hechos
En cualquier caso no podemos discutir o aplaudir las medidas del club en este sentido. Simplemente reflejar lo que ocurrió, que no fue otra cosa que una manifestación de rechazo por parte de la afición a la decisión de los directivos. Esa es la realidad de lo vivido el domingo en el estadio rojiblanco.
Probablemente las cuentas del Consejo de Administración cuadren tras este partido, o quizás no. Eso lo explicará el vicepresidente económico cuando corresponda y, por supuesto, habrá que aceptarlo como una decisión empresarial más o menos acertada pero, indiscutiblemente, pensada para el bien del club.
En cualquier caso, la entidad rojiblanca anunció hace unos meses una reorganización de las gradas del estadio para poder establecer una carta de precios 'para todos los públicos'. Lo del domingo mejor olvidarlo y esperar que esa nueva medida del club tenga, por fin, éxito.
Estupor azulgrana
En la zona de prensa y en el palco del estadio había estupor por ver como el mejor Barça de los últimos años no era capaz de atraer gente al estadio. Estupor al conocer los precios que se exigían a todo aquel que quisiera ver a Messi y compañía.
Un periodista catalán preguntó a Guardiola por el precio de las entradas y el técnico azulgrana no salía de su asombro.
La consecuencia de todo fue que, una vez más, el Almería no tuvo todo el apoyo que necesitaba. Que el FC Barcelona jugó sin sentir presión y se permitió muchos minutos de 'rondito', como en un simple entrenamiento.
Además, Almería dio una imagen negativa, apática, de no merecer tener un equipo en la mejor liga del mundo. Cuestiones internas del club y de su afición trascendieron más allá de la geografía almeriense, para vender una imagen triste.
Habrá que valorar muchas cosas. Principalmente si ha merecido la pena.

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