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Hay ganas de ver la UDA

Las alegrías del último lustro vinieron, en la mayoría de los casos, más por deméritos del rival de turno que por hacer bien las cosas

JAVIER GÓMEZ GRANADOSALMERÍA

Vuelve la UD Almería al Mediterráneo, de nuevo ante un rival de la máxima exigencia y, otra vez, la afición está con ganas de ver esa presión sostenida durante noventa minutos que ahoga al adversario y que forma parte del nuevo libro de estilo.

El desequilibrio entre las dos UD (Almería y Las Palmas) es tan evidente y tan desproporcionado que, en condiciones «normales» de estos años atrás, poco o nada se podría hacer, salvo que los amarillos tuvieran un día desastroso. Y es que, las alegrías del último lustro vinieron, en la mayoría de los casos, más por deméritos del rival de turno que por hacer bien las cosas. Sin embargo, con este nuevo 'know how' rojiblanco, todo parece diferente. Ahora, el equipo contrario, por muy superior que sea, tendrá que demostrarlo sobre el césped, sudando, jugando bien y superando la prueba de alta tensión a la que les someterá, con toda seguridad, el plantel de Fran Fernández.

La afición va a ir al estadio porque le gusta lo que ve. Y va sin exigir porque entiende que los propios jugadores se están exigiendo a sí mismos. Sabe que ganar a Las Palmas, uno de los principales favoritos al ascenso directo apoyado en una plantilla de superior categoría a la que milita, supondría un chute de energía con alcance para dos o tres semanas. Pero también comprende que perder entra dentro de lo normal, incluso de lo lógico, y en nada alteraría el plan de animación desde la grada si lo que ofrece el Almería es lo mismo que, con la salvedad del Carranza, ha mostrado desde el arranque del campeonato.

No hay otro camino para la UDA que el que ya conoce. Los rojiblancos no pueden entrar en guerra de calidad ni de talento, no deben adaptar su nivel de intensidad al del rival, ni tampoco especular con las circunstancias del partido. Los de Fran Fernández sólo pueden ganar a Las Palmas por puro agotamiento, mental y físico. Pocos equipos están preparados para soportar una presión prolongada, entre otras cosas porque no apetece sudar más de la cuenta cuando te sabes superior. Pero a los canarios no les quedará más remedio si los rojiblancos, de nuevo, actúan de forma coral convirtiendo a once individuos en un solo ente, en un solo alma.

El Almería, este Almería, vive del órdago continuo. No le queda otra. Y, salvo desconexiones aisladas, su forma de jugar al todo o nada le puede traer más alegrías que disgustos, siempre que mantenga el nivel físico, que las rotaciones funcionen y que las bajas de cada semana (esta vez la de Corpas) se minimicen con un sobreesfuerzo colectivo.

Total, que sigue habiendo ganas de ver a este equipo.

 

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